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Un modelo de propósito personal diseñado para maximizar la realización individual no puede, por construcción, resolver una crisis que es sistémica. El ikigai occidental de cuatro círculos que recorre talleres de coaching, programas de liderazgo y plataformas de formación ejecutiva en todo el mundo fue diseñado para responder una pregunta individual: qué hacer con tu vida para que tenga sentido.

Esa pregunta sigue siendo legítima. Lo que ha cambiado es que la crisis que enfrentan hoy la fuerza laboral y los sistemas educativos no es individual sino estructural, y la está acelerando la inteligencia artificial a una velocidad que el modelo de cuatro círculos no anticipó.

El 49% de los trabajadores teme personalmente perder su empleo frente a la IA, y el 72% dice que su empleador fomenta activamente la productividad a expensas del bienestar personal, un incremento de 11 puntos en un solo año. El 69% cree que la IA llevará a despidos en su propia empresa en los próximos tres años. Estos datos, producidos por Modern Health en una encuesta a 1.000 empleados de tiempo completo en empresas de más de 250 trabajadores aplicada en marzo de 2026, no describen una incomodidad pasajera. Describen el colapso sistemático de las identidades laborales construidas sobre la intersección individuo-mercado laboral, que es exactamente donde el ikigai tradicional ancla su promesa (Business WireEmployee Benefit News).

El problema con el modelo de cuatro círculos es estructural. Produce personas que saben qué las apasiona, cuáles son sus talentos y cómo monetizarlos. No produce necesariamente personas que asuman responsabilidad activa por el ecosistema social, económico y ambiental que las rodea. Cuando la IA automatiza el análisis técnico, el procesamiento de datos, la redacción estándar y la generación de código, lo que queda como irreemplazable no son las habilidades del rol.

Es la capacidad de comprender el contexto en que uno opera, de formular preguntas nuevas sobre sistemas complejos y de traducir esa comprensión en contribución colectiva deliberada. El ikigai occidental no forma esas capacidades. Las da por supuestas, cuando en realidad requieren un proceso formativo específico.

El Framework Ikigai de Triple Impacto

El Ikigai 3i no es una versión mejorada del modelo original de los cuatro círculos que publicamos previamente. Es una respuesta a su limitación constitutiva: la ausencia de una dimensión de orientación activa hacia el ecosistema y la responsabilidad sistémica. Propone cuatro dimensiones que deben desarrollarse en secuencia y en interacción, no como inventario de atributos sino como proceso formativo.

La primera dimensión es el autoconocimiento profundo.

No el autoconocimiento del cuestionario de fortalezas de quince minutos, sino el que la tradición socrática y las humanidades han denominado comprensión de la propia situacionalidad: entender no solo quién soy en términos de talentos y valores, sino en qué sistema de relaciones históricas, sociales y culturales me encuentro, qué me precede y qué puedo transformar.

La evidencia empírica respalda este punto: el estudio de Hall et al. (2023) en Heriot-Watt University Malaysia, publicado en Asia Pacific Journal of Education, investigó el impacto del descubrimiento del ikigai en el desarrollo de habilidades de autoliderazgo en estudiantes universitarios de primer año, y demostró que los talleres produjeron beneficios medibles en autoconciencia y sentido de propósito, con una tasa de Net Promoter Score de 73,9%. Lo que los propios investigadores señalan, sin embargo, es la brecha que el Ikigai 3i busca cerrar: ese autoconocimiento debe traducirse en orientación al impacto, y ese puente requiere dimensiones adicionales (Hall, 2023).

La segunda dimensión es la conexión contextual activa.

Esta es la dimensión que el ikigai tradicional asume pero no forma. No es empatía genérica. Es la capacidad operativa de percibir, interpretar y responder a las necesidades del ecosistema social, económico y ambiental en que opera el individuo. Requiere exposición sistemática a perspectivas distintas, comprensión de estructuras históricas y capacidad de pensamiento crítico sobre sistemas complejos.

Es aquí donde las tradiciones de artes liberales y humanidades dejan de ser decoración filosófica y se convierten en tecnología cognitiva: la filosofía, la historia, la literatura y las ciencias sociales no enseñan a responder preguntas conocidas, enseñan a formular preguntas sobre sistemas complejos. Esa capacidad es exactamente lo que la IA no puede automatizar y lo que la conexión contextual activa requiere.

La tercera dimensión es la capacidad generativa.

El repertorio de competencias, recursos y habilidades movilizables para crear soluciones que atiendan necesidades sistémicas de manera viable y sostenible. Esta dimensión es la más cercana al ikigai tradicional, pero en el Ikigai 3i se subordina a las dos anteriores.

La pregunta deja de ser “¿en qué soy bueno?”, sino “¿qué necesita el sistema en que opero, y qué de lo que soy capaz puede contribuir a eso de forma sostenible?”. El orden importa porque cambia la orientación fundamental del proceso.

La cuarta dimensión es la Orientación al Impacto Sistémico (OIS).

La disposición activa y deliberada de evaluar, diseñar y ejecutar acciones que generen valor simultáneo en las tres dimensiones del Triple Bottom Line (Elkington, 1997): económica, social y ambiental. Esta dimensión no es la suma de las tres anteriores. Emerge de su integración y representa un salto cualitativo. El individuo que desarrolla la OIS ya no evalúa sus decisiones desde la lógica del beneficio personal o del impacto social genérico. Las evalúa desde la pregunta de si producen valor integrado en las tres dimensiones.

Los instrumentos de ikigai existentes miden estado interno de propósito (Steger et al., 2006; Kumano, 2018). Los instrumentos de comportamiento pro-sostenible miden acciones específicas. La OIS mide la orientación disposicional que conecta propósito personal con responsabilidad sistémica activa: una dimensión que ninguno de esos instrumentos captura por sí solo.

Por qué las artes liberales no son una respuesta nostálgica sino la funcional

Este es el punto que más frecuentemente se malinterpreta. Incorporar filosofía, historia o ética en un programa de formación ejecutiva o en un rediseño curricular no es un gesto de nostalgia académica. Es una decisión funcional con evidencia empírica detrás.

Andy Chan, vicepresidente de Innovación y Desarrollo de Carrera de Wake Forest University, argumenta que la IA está resucitando el valor de la educación en artes liberales: a medida que la IA automatiza las tareas técnicas y ejecutables, se está observando una reversión en el valor del mercado laboral hacia las capacidades que esa tradición desarrolla. La lógica no es anecdótica. McKinsey proyecta que para 2030, la demanda de habilidades sociales y emocionales en los Estados Unidos crecerá un 14%, a medida que los empleadores busquen graduados con capacidad de pensamiento crítico y disposición humana para enfrentar desafíos complejos. Esas capacidades son exactamente las que las humanidades desarrollan y las que el Ikigai 3i convierte en dimensión formativa explícita (NewswiseCommunity College Daily).

La evidencia desde el lado empleador es igualmente contundente. La encuesta 2025 de AAC&U (Association of American Colleges and Universities), aplicada a 1.030 ejecutivos y gerentes de contratación por Morning Consult en agosto de 2025, encontró que el 89% de los empleadores apoya ambientes universitarios que protejan la indagación abierta y las perspectivas diversas, y que más de cuatro de cada cinco considerarían un título más favorablemente si proviene de una institución reconocida por respetar perspectivas diversas en el currículo.

El mismo estudio concluye que la preparación para la IA es menos una cuestión de dominio de herramientas y más una cuestión de cómo las instituciones ayudan a los estudiantes a aplicar juicio, ética, comunicación y agencia en entornos habilitados por IA. Eso no es una descripción de la formación técnica. Es una descripción de la formación humanista. AAC&UChanginghighered

Un individuo formado en tradiciones humanistas no solo conoce sus fortalezas. Entiende en qué sistema está parado, qué dinámicas lo producen y qué puede transformarse. Esa comprensión es el prerrequisito de la conexión contextual activa. Sin ella, el autoconocimiento produce optimización individual. Con ella, puede producir transformación sistémica.

Lo que la evidencia empírica reciente confirma y lo que deja abierto

El estudio de Hall et al. (2023), publicado en Asia Pacific Journal of Education con DOI 10.1080/02188791.2023.2231645, investigó el impacto del descubrimiento del ikigai en el desarrollo de habilidades de autoliderazgo en una muestra amplia de estudiantes universitarios de primer año en Heriot-Watt University Malaysia, utilizando metodología mixta durante el período de aprendizaje remoto por Covid-19.

Los resultados demostraron que los talleres fueron efectivos para desarrollar habilidades clave de autoliderazgo, con una tasa de satisfacción muy alta. Es la validación empírica más rigurosa disponible sobre ikigai en educación superior a escala institucional (ResearchGate).

Pero el estudio se detiene exactamente donde el Ikigai 3i empieza. Los propios investigadores identifican como pregunta abierta relevante si sentirse preparado para lo que está por venir predice efectivamente qué tan bien los jóvenes aprovechan su experiencia universitaria para desarrollar sus competencias del siglo XXI y lograr sus metas en el futuro, y señalan que se necesita más trabajo longitudinal al respecto. Esa es la brecha exacta que la dimensión OIS busca cerrar: el puente que convierte la preparación subjetiva en capacidad de impacto medible. El paper incluye los Objetivos de Desarrollo Sostenible como referente externo en la definición del “qué necesita el mundo”, lo cual es intuitivamente correcto pero insuficiente. Convierte la orientación sistémica en referencia vocacional, no en dimensión formativa con proceso propio. El Ikigai 3i toma esa intuición y la desarrolla hasta hacerla constitutiva del framework (ResearchGate).

Las implicaciones para quienes diseñan procesos de formación

Para docentes, diseñadores instruccionales y responsables de política en educación superior y en organizaciones, el Ikigai 3i tiene implicaciones operativas concretas.

La primera es que el propósito anclado en el mercado laboral es un ancla frágil en 2026. El 42% de los empleados espera que su rol cambie significativamente debido a la IA en el próximo año, pero solo el 17% usa la IA con frecuencia hoy, lo que señala una brecha crítica de adopción, y el 34% se siente no preparado para los cambios impulsados por IA. Si el sentido de vida de una persona depende de que su rol profesional actual sea irreemplazable, esa estadística la pone en vulnerabilidad existencial, no solo económica. El Ikigai 3i ofrece un ancla más estable porque lo radica en la contribución al ecosistema, no en la naturaleza del rol (Brighthorizons).

La segunda es que el proceso formativo importa tanto como el concepto. Un taller de ikigai que invita a los participantes a identificar sus fortalezas y a conectarlas con lo que el mundo necesita produce autoconciencia. Un proceso formativo estructurado en las cuatro dimensiones del Ikigai 3i, que incluya análisis de sistemas reales, reflexión histórica sobre los problemas que el individuo quiere abordar y evaluación de impacto en las tres dimensiones TBL como criterio constitutivo, no como añadido, produce orientación sistémica. La diferencia no es de intensidad sino de arquitectura.

La tercera es que la OIS no se mide preguntando “¿te importa el impacto social?”. Se mide observando si las decisiones y proyectos que el individuo diseña incluyen criterios de impacto en las tres dimensiones como parte constitutiva de su lógica de diseño, no como justificación posterior. Los empleadores tratan explícitamente capacidades cívicas como navegar perspectivas diversas y comprometerse constructivamente a través del desacuerdo como habilidades prácticas de trabajo, no como ideales abstractos. Esa convergencia entre lo que el mercado laboral demanda y lo que el Ikigai 3i busca desarrollar no es coincidencia. Es señal de que la orientación sistémica está dejando de ser una aspiración filosófica para convertirse en un diferenciador profesional medible (Changinghighered).

Las cuatro proposiciones verificables que el framework genera para la investigación son las siguientes. El autoconocimiento profundo mediará la relación entre la formación en humanidades y la capacidad de conexión contextual activa, de modo que individuos con mayor formación humanista exhibirán mayor capacidad de percepción de necesidades sistémicas que individuos con formación exclusivamente técnica. La OIS es una dimensión cualitativamente distinta del propósito personal y predecirá comportamiento pro-sostenible por encima de lo explicado por las dimensiones del ikigai tradicional.

Un proceso formativo estructurado en las cuatro dimensiones producirá mayor OIS medible que un proceso equivalente basado exclusivamente en el modelo de cuatro círculos. Y la OIS individual agregada de los miembros de una organización predecirá el desempeño ESG organizacional de manera independiente a los compromisos declarados, sugiriendo que el propósito sistémico individual es el sustrato necesario del impacto organizacional real.

¿Qué podríamos hacer hoy?

La aceleración por IA no crea la crisis de sentido que vivimos. La expone y la intensifica. Antes de la IA, un individuo con conocimientos técnicos sólidos pero sin conexión contextual activa podía sostener una carrera estable durante décadas. Ahora esa carrera tiene una vida útil medida en pocos años.

Lo que queda cuando el rol desaparece es exactamente lo que el Ikigai 3i busca desarrollar: la comprensión de uno mismo en relación con el ecosistema, la capacidad de percibir qué necesita ese ecosistema y la disposición activa de contribuir desde las propias capacidades.

Un estudiante o profesional sin claridad sobre lo que desea ser, hacer e impactar, y sin la capacidad de conectar esa claridad con los sistemas en que vive, es un riesgo para sí mismo y para la sociedad que lo rodea. Hemos construido sistemas educativos que optimizan competencias técnicas y sistemas organizacionales que miden productividad trimestral, y hemos dejado sin atender la formación de la orientación ecosistémica que convierte esas competencias en contribución colectiva real.

El Ikigai 3i no es la única respuesta a esa deuda. Pero es una respuesta que ya tiene fundamento teórico, respaldo empírico inicial y una agenda de implementación que puede iniciarse, con diseño instruccional deliberado, en cualquier institución educativa u organización que decida que el propósito sistémico es más urgente que la próxima optimización de rendimiento.

Juan Pablo Del Alcázar Ponce

Referencias

Del Alcázar Ponce, J. P. (2025). Ikigai de Triple Impacto: un modelo integrado para el propósito sistémico y la generación de valor sostenible. Mentinno Insights (Working Paper). https://blog.formaciongerencial.com

Elkington, J. (1997). Cannibals with Forks: The Triple Bottom Line of 21st Century Business. Capstone Publishing.

Hall, D. A., Rangunathan, T., Tan, Y. S., Wong, L. W., Dass, S. C., Low, J., Lee, C. P., Namasivayam, S. N., Choong, S., & Al-Atabi, M. (2023). Impact of defining ikigai in developing future-ready university graduates with self-leadership skills: A whole university mixed-methods study during Covid-19. Asia Pacific Journal of Education, 43(3), 660–691. https://doi.org/10.1080/02188791.2023.2231645

Kumano, M. (2018). On the concept of well-being in Japan: Feeling shiawase as hedonic well-being and feeling ikigai as eudaimonic well-being. Applied Research in Quality of Life, 13(2), 419–433.

McKinsey Global Institute. (2023). The Future of Work After COVID-19. McKinsey & Company.

Modern Health. (2026, abril 28). U.S. Workforce in Mental Health Crisis Driven by AI Anxiety, Political Stress, and a Collapse in Employer Trust. Business Wire. https://www.businesswire.com/news/home/20260428972933

AAC&U. (2025, diciembre 11). The Agility Imperative: How Employers View Preparation for an Uncertain Future. American Association of Colleges and Universities. https://www.aacu.org/research/the-agility-imperative

Steger, M. F., Frazier, P., Oishi, S., & Kaler, M. (2006). The meaning in life questionnaire: Assessing the presence of and search for meaning in life. Journal of Counseling Psychology, 53(1), 80–93.