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En la formación profesional de los estudiantes universitarios, se considera cada vez más el rol que juegan aspectos como la motivación, las emociones, las vivencias, los factores sociales, económicos, psicológicos, entre otros en la experiencia que tienen los estudiantes en los años de formación en la universidad.

Mucho se habla de deserción, fracaso –término con el que no se acuerda particularmente, dados su tenor negativo y condicionante- desmotivación, falta de proyección a futuro, desencanto, desconocimiento y demás entre los miembros de la comunidad académica y existen gran cantidad de estudios realizados al respecto, con el objetivo primordial de encontrar alternativas y posibles caminos que permitan mejorar la experiencia de los estudiantes durante la carrera, favorecer su retención y permanencia, en un medio que ha sido protagonista en las últimas décadas del fenómeno de masificación de la matrícula estudiantil, la disminución y escasez cada vez mayor de fondos y financiamiento, la baja tasa de graduación a un alto costo por cada estudiante, considerando la extensión en el tiempo de permanencia en las carreras y los condicionamientos surgidos de las evaluaciones y acreditaciones de instituciones y carreras desde el Estado, a través de organismos destinados a ello.

En estudios llevados a cabo por Santos (2005), Loya (2008) y Quijije (2016), se hace referencia al paradigma de Educación Basada en el Desarrollo de Competencias Docentes, como un modelo “desarrollista” donde se busca la adquisición de destrezas docentes específicas y observables, en relación con los resultados del aprendizaje de los estudiantes, basado en indicadores de desempeño.

La profesionalización pedagógica en relación a la realidad universitaria busca favorecer la actividad educativa, considerando las interrelaciones con el contexto como un proceso integral. Asimismo, se pretende la formación profesional como formación y autoformación a fin de elevar la calidad educativa, en relación a las necesidades y problemáticas sociales.

También se vinculan los procesos universitarios con los componentes organizadores de la gestión del proceso de enseñanza y el proceso de aprendizaje y se integran los saberes profesionales actuales y prospectivos, desde la reflexión y la práctica pedagógica.

La profesionalización pedagógica debería responder a la triada, intereses sociales- problemas del contexto- demandas de la formación profesional. A modo de encargo social se exige la formación de docentes competentes y comprometidos con la sociedad, integrar la investigación a la gestión del proceso de enseñanza y de aprendizaje, la vinculación con la comunidad, basada en las demandas contextuales. Se considera asimismo, la implicación personal de docente en su crecimiento y bienestar social y personal, lo que se traduce en una participación consciente, motivada y autotransformadora de su rol profesional, en la autorrealización y elevación de la autoestima, lo que permitiría una mejora continua y sistemática de su cualificación como docente.

Todo lo anterior, se relaciona en forma directa con el impacto en los estudiantes, la construcción del conocimiento, el desarrollo de valores y habilidades profesionales, el rol de tutoría, orientador, mediador en el terreno del aprendizaje que ofrecen los contextos diversos de formación.

Por último, pero no menos relevante están los saberes psicológicos, entre otros, que tratan de la personalidad, las características psicológicas de los estudiantes, la dinámica grupal en relación al proceso de enseñanza y de aprendizaje.

La actitud del profesor en el espacio áulico es crucial para promover un clima acogedor de convivencia y vivencia de relaciones personales en igualdad de oportunidades.

Los docentes deben garantizar un contexto favorable para el aprendizaje significativo en el desarrollo de habilidades esenciales como la escritura y la lectura; el apoyo y la guía/ andamiaje del docente es importante.

Así, para Cabalín Silva & Navarro Hernández (2008) se requiere un cambio de rol del docente universitario y el desarrollo de competencias que respondan a nuevas exigencias relacionadas con el cambio de concepción de un paradigma centrado en el docente a uno centrado en el estudiante.

Se considera a la enseñanza como facilitadora del aprendizaje, objeto mediante el cual los estudiantes construyen su propio conocimiento y, mediante esto, lograr una autonomía en la formación de conocimientos en sí y de criterios profesionales. (Cid- Sabucedo, Pérez- Abellás y Zabalza, 2009).

Hargreaves (citado por López de Maturana, 2010, p.53) afirmó que “un buen docente se muestra pre-ocupado permanentemente por acerca de aquello que puede resultar beneficioso o perjudicial para los estudiantes; son seres pasionales y emocionales que generan una conexión, un vínculo con los estudiantes y asumen la tarea docente con placer y creatividad”.

El tiempo es importante para el aprendizaje y el grado en que éste se construya es una tarea que se relaciona con el tiempo que el estudiante destina a aprender. Para esto, resulta de relevancia la motivación de los estudiantes, el compromiso con tal tarea y la calidad de enseñanza recibida por parte de los profesores, entre otros aspectos.

Zabalza, 2013

Conclusión

El aula (como espacio físico y/o virtual) es compleja, allí confluyen situaciones diferentes, realidades dispares, distintas personalidades e individualidades en cada uno de los actores.  Esto permite generar una mirada amplia a las relaciones y vínculos establecidos entre docentes, estudiantes y la comunidad educativa en general.

Hoy no basta con conocer bien los contenidos de la/s asignatura/s a cargo, sino que debemos ser capaces de brindar herramientas para el desarrollo de competencias profesionales y personales que permitan a los futuros graduados moverse en un mundo dinámico y cambiante. Para ello, es necesario convertirnos en guías, acompañantes y facilitadores, de conocimientos, experiencias y posibles escenarios futuros.

Autora Invitada: Sabrina Débora Villanueva

Sabrina Débora Villanueva es Licenciada en Ciencias de la Educación; Especialista en Didáctica y Curriculum y Magister en Dificultades de Aprendizaje. Actualmente se encuentra finalizando sus estudios de Doctorado en Educación Superior por la Universidad de Palermo. Asimismo cursa estudios de Psicología y de posgrado en Diversidad Cultural. Se ha desempeñado durante los últimos años como pedagoga en nivel superior universitario y como docente adjunta en carreras de educación mediante modalidad virtual; es escritora e investigadora en temáticas relacionadas con el rendimiento académico de estudiantes universitarios y desempeño docente en el mismo nivel. Cuenta con la publicación de un libro, de artículos con referato, además de presentaciones en jornadas y congresos nacionales e internacionales.

Referencias

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Cabalín Silva, D., & Navarro Hernández, N., (2008). Conceptualización de los estudiantes sobre el buen profesor universitario en las carreras de la salud de la Universidad de la Frontera-

Cid-Sabueso, A., Pérez-Abellás, A. y Zabalza, M., (2009). Las prácticas de enseñanzas declaradas de los “mejores profesores” de la Universidad de Vigo. RELIEVE, 15 (2), 1 – 21. Recuperado de  http://dx.doi.org/10.1007/s11162-010-9178-z

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