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La pedagogía y enseñanza en adultos requiere ser analizada y gestionada como un proceso continuo, aceptando que tanto alumnos como docentes cuentan con experiencias, conocimientos y motivaciones diferentes antes de iniciar sus estudios, por lo que para generar aprendizaje necesitan en muchos casos lograr que los alumnos y docentes puedan desaprender para aprender y adaptar realidades a contextos según la relevancia propia asignada por ellos, considerando siempre que los alumnos llegan a una materia o sesión con experiencia y conceptos propios sobre diferentes perspectivas de la vida y sociedad, fruto de las cuales se incorporarán o no los nuevos aprendizajes que se alimentarán constantemente de nuevas situaciones, generando un ciclo de actualización consciente en algunos casos e inconsciente en otros en entornos formales e informales, más aún cuando las escuelas de empresas reciben estudiantes en niveles de posgrado que cuentan en muchos casos con experiencia y aprendizaje previo relacionado a la gestión empresarial.

El aprendizaje continuo es abordado dentro del concepto de Andragogía, planteado por Adam (1977) y que establece que la misma “Es la ciencia y el arte de instruir y educar permanentemente al hombre…”, siendo un ciclo continuo de aprendizaje que debe ser asumido como práctica, en la que el alumno es el eje del aprendizaje contando con apoyo de docentes, recursos, experiencias y contextos, combinando arte y ciencia bajo el uso de teoría y práctica para ser efectiva como estrategia didáctica de enseñanza y aprendizaje constante.

Knowles, M. S., Holton, E. F., & Swanson, R. A. (2001) mencionan cinco requerimientos básicos necesarios para lograr el proceso de aprendizaje en andragogía:

  • Auto concepto y conocimiento propio.
  • Experiencias y aprendizajes previos del estudiante.
  • Disposición para aprender.
  • Orientación al aprendizaje.
  • Motivación para aprender.

Kolb (1984) plantea dos etapas esenciales para el desarrollo del aprendizaje, siendo la primera la de adquisición de conocimiento, que crea una representación mental de la realidad en base a las dos perspectivas creadas por nuestro cerebro (la creativa, emocional o artística y la racional o lógica). La segunda etapa de aprendizaje es la de transformación, en donde la adquisición se integra con lo previamente aprendido o concebido, buscando comprender y aceptar o no la validez de los nuevos conocimientos en base a su aplicación para influir o cambiar una finalidad pragmática. Así (Acero Pereira, Hidalgo & Jiménez, 2018) analiza estas dos etapas planteando cuatro estilos de aprendizaje, mismos que al ser analizados desde una perspectiva individual de estudiantes, permiten identificar los tipos de alumnos y por tanto adaptar la lógica utilizada por docentes para transmisión de conocimientos. Los estilos son:

  • Personas con estilo divergente: aquellos que analizan situaciones desde diferentes perspectivas, observando antes de actuar y cuentan con orientación hacia el contacto social. (abordaje emocional o creativo buscando comprender la realidad).
  • Personas con estilo asimilador: quienes realizan un ordenamiento lógico de la información creando modelos teóricos propios, mediante razonamiento inductivo centrado en conceptos abstractos. (racionales o lógicos que buscan en entendimiento de conceptos antes que su aplicación)
  • Personas con estilo convergente: cuentan con la habilidad de resolver problemas y tomar decisiones en base al descubrimiento de la aplicación práctica de conceptos.  (racionales o lógicos que buscan aplicar los conceptos).
  • Personal con estilo acomodador: que asimilan conceptos desde puntos de vista emotivos o creativos y experimentan con su aplicación.

El estado de la educación y sociedad actual, demandan actualización con una reconfiguración docente, que permita lograr mejores conexiones con alumnos, mejorando el proceso de transmisión y creación de conocimientos, para lo cual el uso de nuevas tecnologías, recursos y plataformas es vital para lograr mejoras en áreas de comunicación, interacción y enseñanza, haciendo eficiente y relevante a la dinámica de enseñanza en adultos y escuelas de negocios.

Casablancas, 2008, menciona que el entorno en el que opera la educación se ha transformado, siendo complejo, diverso y globalizado, atravesando grandes cambios sociales integrados al desarrollo y adopción de tecnologías de la información y comunicación, cambiando la dinámica de la economía, la interacción, comunicación, arte, generación, búsqueda y uso de información y por tanto la forma de aprender y relacionarse con otros.

Actualmente, gracias al acceso y disponibilidad de conocimiento en diversos formatos y contextos que combinan la tecnología con la vida social y profesional, que junto a los importantes cambios que alteran la naturaleza del aprendizaje y la práctica profesional, es necesario repensar formatos de enseñanza, comprendiendo el entorno cambiante en el que se desenvuelven estudiantes que requieren profesionalizarse de forma ágil y constante, aplicando modelos pedagógicos innovadores.

El modelo pedagógico innovador cuenta con tres pilares esenciales que plantean las bases de modelos actualizados de enseñanza (Casablancas, 2017):

  • Autorregulación del aprendizaje («Self-regulated learning»).
  • Competencia digital tal como la describe la Comisión Europea (2005, p. 18); es decir, incluyendo la capacidad crítica de manejar información.
  • Conocimiento de otras lenguas para acceder a otras fuentes de recursos.

Hannan y Silver, 2005, plante el siguiente esquema de la enseñanza desde el punto de vista de la diversificación:

Enseñanza desde la diversificación

Figura 1: Enseñanza desde la Diversificación. Adaptado por el autor en base a (Hannan & Silver, 2005).

El cambio tecnológico y conectividad, que ha creado nuevos hábitos y dinámicas de comportameinto e interacción laboral y social, junto al desarrollo de nuevos modelos de negocio (formas de generación de transacciones con impacto en el comercio y por tanto en la empresa), marcan las bases para las necesidades futuras en entornos laborales para estudiantes.

El llamado “trabajo del futuro”, presente ya en países desarrollados y seguidos de cerca por el tercer mundo, muestra a la automatización y trabajo colaborativo entre humanos y máquinas como una realidad que marcará cada vez mayores niveles de desempleo debido a la productividad y eficiencia que se habilitan con la tecnología, cambiando el perfil de profesionales requeridos para crear, manejar y dirigir empresas.

Esta situación destaca a la nueva educación en negocios como un pilar esencial a transformar y actualizar, superando la falta de motivación y preparación inicial con la que cuentan muchos profesionales de negocios para desarrollar procesos de aprendizaje autónomo o asistido en temáticas externas al conocimiento tradicional como son las presentes en áreas de inteligencia artificial, manejo de información y datos, analítica, estadística o automatización, negociación, gestión de proyectos y otras, generan nuevos retos para personas y su proceso formativo, como lo destaca Bitar S, 2019 al referirse al trabajo del futuro.

 Es necesario considerar también la posición de muchas empresas que se encuentran reemplazando la necesidad de contar con profesionales con titulación universitaria por individuos que cuenten con aptitudes y credenciales alternativas, siendo éstas aquellas obtenidas de forma independiente sin vinculación directa necesaria con instituciones de educación superior y presentadas en formato de cursos cortos, micro especializaciones, certificaciones especializadas, micro masters, entre otros como menciona el estudio Credenciales Alternativas del Observatorio de Innovación Educativa del Tecnológico de Monterrey (2019), generando beneficios tanto empresas como estudiantes de la generación de aprendizaje dentro de organizaciones y complementado por otras fuentes de continuidad de formación y aprendizaje virtuales o mixtas (presenciales y online) que incorporan cada vez nuevos formatos y metodologías.

Existen estudios empíricos como el planteado por Trainingindustry.com (2018) quienes a través del análisis basado en encuestas realizado a 1569 profesionales dentro de empresas alrededor del mundo, retoman el planteamiento original de Lombardo y Eichinger (1996) sobre la proporción 70/20/10 y lo adaptan a 2018 con 55/25/20 que describe que el aprendizaje se da en promedio y como referencia en un 55% dentro de actividades laborales, 25% por medio de la interacción con personas y profesionales y tan solo el 20% a través de educación universitaria, workshops y capacitación formal. Si bien este estudio no cuenta con validez científica, muestra la ponderación superior con la que cuenta el desarrollo de competencias dentro de organizaciones que en muchos casos aleja a empresas y organizaciones de la educación superior priorizando a otras fuentes.

Accede aquí a las secciones del estudio y publicación:

Introducción y conclusiones del estudio.

Motivaciones de estudiantes para cursar programas de posgrado en administración y dirección de empresas.

Metodologías de aprendizaje y aplicación de conocimientos y experiencias en escuelas de negocios.

Juan Pablo Del Alcázar Ponce

www.delalcazarponce.com